Tíbet

Volamos al Tíbet

Es primera hora de la mañana y nuestro vuelo al Tíbet se ha retrasado, pero seguimos locos de alegría por llegar a la meseta china. También asustados por el miedo que nos ha metido todo el mundo antes de viajar.

La gente nos ha asustado mucho con el mal de altura y estábamos preocupados por lo que pudiera pasar. Algunas precauciones fueron suficientes para encontrarnos bien desde el primer momento.

Ya sabéis que volar al Tíbet no es fácil. Se debe tramitar a través de una agencia y te fijan una ruta más o menos flexible. Nosotros fuimos seleccionando los destinos que más nos gustaban dentro de los que ofrecían.

Ahora que ya sé lo que hay, te aconsejo que no te hagas un itinerario demasiado ambicioso porque allí los tiempos y los horarios son otros y los días se hacen muy cortos.

Vuelo a Lhasa

Volamos con la compañía China Arlines. Un viaje cortito, de un poquito más de una hora y muy agradable.

Nos habían recomendado que cogiéramos un asiento en el lado izquierdo del avión y eso hicimos. Llegamos temprano para coger buenas plazas.

vuelo de Kathmandu a Lhasa
Avión China Airlines.

Una vez en el aire, ese es el regalo que te deja el vuelo, una panorámica inolvidable del Monte Everest, el pico más alto del mundo. La gente se volvía loca por fotografiar el momento, y no era para menos. El vuelo transhimalayo es una maravilla.

vista desde el aire del monte everest en el vuelo de Kathmandu a Lhasa
El Monte Everest desde el avión.

Aterrizamos en el aeropuerto de Gonggar, a unos 3.700 metros de altura. Está completamente militarizado y se nota por las construcciones y sus pinturas.

Al bajar del avión, enseguida nota uno el mal de altura, una inestabilidad que dura un ratito. Pero nada que no se cure con algo de tiempo y tranquilidad.

Pasamos todos los controles necesarios que marcan las autoridades chinas, inmigración y aduana. Registran los bolsos y a mí me requisaron fruta fresca que llevaba. Hemos enseñado el pasaporte más veces hoy que en toda nuestra vida. Además, se niegan a poner el sello. Tuve que insistir mucho para tenerlo.

Una vez cerca de la puerta de salida del aeropuerto, debes esperar a que se te llame, te den tu documentación y avisen a tu guía para que te recoja. Se convertirían en nuestros fieles compañeros el resto del viaje.

En nuestro recorrido nos acompañarían siempre dos personas: Jung Ni, el conductor, y Kelsang Dawa, el guía. El primero no hablaba nada de inglés, así que nunca pudimos relacionarnos con él. No obstante, el trato y el contacto siempre fue perfecto e impecable. Siempre intentaban agradar y estaban pendientes y disponibles para todo aquello que pudiéramos necesitar. Y cualquier explicación de la que tuviéramos duda, se esforzaban en reexplicárnosla.

El primer sitio al que nos llevaron fue a comprar algo de bebida y a cambiar dinero. La moneda es el yuan chino.

Ya nos pusimos en marcha para comenzar la ruta que nos llevó hasta Tsedang, un pueblo en el que simplemente pasamos una noche para comenzar ya al día siguiente la ruta por la Carretera de la Amistad. Y que nos llevaría al techo del mundo.

Tsedang está situado a 3.600m. en la orilla del río Yarlung Tsangpo. Hicimos una parada para observar la inmensidad del río. Se convirtió en uno de las protagonistas de nuestro viaje, puesto que lo vimos desde innumerables puntos de vista.

Río Yarlung Tsangpo en el Tibet
Río Yarlung Tsangpo.
Río Yarlung Tsangpo en el Tibet
Río Yarlung Tsangpo.
Río Yarlung Tsangpo en el Tibet
Mirador del Río Yarlung Tsangpo.

Los paisajes son preciosos. La vista se pierde en el horizonte. No se ve el fin del agua del río y siempre enmarcado en las famosas banderas tibetanas de oraciones.

Están compuestas de cinco colores que representan los cinco elementos. Verde el agua, azul el cielo, rojo el fuego, blanco el aire y amarillo la tierra.

Banderas tibetanas de oraciones en el río Yarlung Tsangpo.
Banderas tibetanas de oraciones en el río Yarlung Tsangpo.

Durante el camino nos estuvimos familiarizando con la situación tibetana y haciéndole numerosas preguntas al guía, hasta que llegamos a la ciudad de Tsedang.

Como se hizo tarde, fuimos directamente a cenar, donde tomamos comida típica, como gyosas de carne de yak, arroz frito con carne de yak y filete de yak con fideos chinos. Está claro que es la carne que vamos a probar estos días. Está deliciosa.

Al terminar nos fuimos al Tsedang Hotel, que estaba fenomenal.

Recomendaciones para el Mal de altura

Nosotros nos informamos antes de partir hacia Nepal si debíamos tomar algo. Se nos recomendó Edemox para paliar los síntomas del mal de altura (siempre bajo el control de nuestro médico de cabecera). Lo compramos en España aunque descartamos tomárnoslo mientras no nos encontráramos mal.

Nuestro viaje tenía previstas varias alturas, desde Nepal hasta el Campo Base del Everest, pero a la vez, había un largo período de adaptación, por lo que únicamente necesitamos tiempo para encontrarnos bien, sin necesidad de ningún medicamento.

No obstante, esta es nuestra decisión, por lo que si vas a viajar a esta zona te recomendamos que visites a tu médico.

Nuestras recomendaciones son:

  • Beber mínimo 3 litros de agua al día. La que venden en el Tíbet tiene un suplemento de oxigenación. Te recomendamos que lleves siempre agua y bebas a sorbos pequeños constantemente.
  • No comer grandes cantidades.
  • No beber nada de alcohol.
  • No hacer movimientos bruscos.
  • Tomar los llamados Banana Split, deliciosos batidos de plátanos con mucho potasio y que preparan en todos los rincones.

Dicho esto, hay que comentar que el mal de altura da a dos de cada tres personas, y principalmente en los hombres. De nosotros dos, quien tuvo más dolores de cabeza fue Alberto, aunque en general sentíamos fatiga.

Durante el viaje nos encontramos gente que llevaba pequeñas bombonas de O2, aunque no son muy recomendables, dado que te acostumbras a respirar con ellas, y puedes sentir el agobio de la falta de oxígeno durante tu viaje.

Nuestro guía nos aconsejó que intentáramos seguir los puntos anteriormente enunciados, y el tiempo haría el resto.

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