Valle Sagrado de los Incas

Nos daba pena irnos ya de Cuzco. ¡Qué ciudad tan bonita! Así que, antes de irnos de Cusco, decidimos volver a dar un paseo por la Plaza de Armas.

La persona que vino a recogernos al aeropuerto, resultó tener su propia agencia de viajes en Cusco. Por ello, cuando le comentamos la ruta que queríamos hacer, pero que no teníamos nada cerrado salvo las noches de hotel, se ofreció a llevarnos él mismo de excursión por el Valle Inca hasta Ollantaytambo, y recogernos al día siguiente a la vuelta.

En el hotel lo estuvimos comentando y nos dijeron que era una persona de total confianza, y que lo contratásemos con él. Y así lo hicimos. Cerramos un precio, un horario y una ruta, y nos fuimos con él la ruta por el Valle Sagrado.

Nos recogió muy temprano para dilatar al máximo el día. Nos dejamos guiar por él, pero siempre teniendo claro qué queríamos ver. Nuestro guía conocía muy bien la zona y los tiempos, y seguimos a la perfección el itinerario que nos marcamos.

Y así lo hicimos nosotros. Nada más salir del hotel, cogimos una calle en cuesta que ya nos sacaba de la ciudad y entrábamos en contacto con la naturaleza. Posee un paisaje de gran belleza, flora y fauna abundantes. Nuestra primera parada, muy cerca de Cuzco fue la fortaleza de Sacsayhuamán.

Valle Inca

El Valle Sagrado de los Incas está situado a los pies de los Andes y es el valle que rodea Cuzco. En su día, tuvo gran importancia para los incas, que lo sembraron de palacios, templos y fortalezas que hoy suponen un gran Patrimonio Mundial para la humanidad.

El Valle Sagrado de los Incas está comprendido entre las poblaciones de Písac y Ollantaytambo, paralelo al río Vilcanota, y se puede acceder a él desde la ciudad del Cusco.

Sacsayhuamán

Nuestra primera visita del día fue a Sacsayhuamán, ubicado a 2 km de la ciudad de Cusco, capital del antiguo Imperio inca y a una altura de 3.700 metros. La extensión abarca una extensión de 3.093 hectáreas y está por las montañas Ausangate, Pachatusán y Cinca, y bañado por el río Tullumayu.

Se calcula que Sacsayhuaman conserva solo el 40 por ciento de su estructura. Nada más acceder al recinto, se accede a un mirador desde el que se puede observar Cuzco desde el aire.

Seguramente sea una de las edificaciones más asombrosas del mundo. Se piensa que empezó a construirse durante el gobierno del inca Pachacutec en el siglo XV, y que más de 20.000 hombres extrajeron las piedras de las canteras aledañas y la trasladaron 20 kilómetros hasta la colina de la ciudad del Cusco. Es imposible no plantearse cómo pudieron hacerlo con semejante tamaño ya que posee estructuras de hasta 125 toneladas de peso.

Q’uenqo o Kenko

Qenqo es un centro arqueológico a 6 km de la ciudad del Cuzco, ubicado a 3.580 metros sobre el nivel del mar.

Se encuentra ubicado sobre lo que hoy se conoce como el cerro Socorro. En la época del Imperio inca fue otro centro dedicado al rito y son de particular interés su anfiteatro de forma semicircular y sus galerías subterráneas.

Se da un breve paseo de 10 minutos. Es bonito, pero nada que ver con lo que visitamos durante todo el día de hoy.

Tambomachay

Seguimos la ruta y a pocos minutos en coche se encuentra el complejo arqueológico de Tambomachay es también conocido como los Baños de Inca.

Tambomachay se halla a 7 km de la ciudad del Cusco y es considerado uno de los adoratorios del primer “ceque” (enormes líneas imaginarias, que servían para organizar santuarios y huacas en los alrededores del Antisuyo, partían de la ciudad del Cusco).

Es una de las construcciones incas más importantes; esto se debe a la gran maestría y el extraordinario ensamblado de las piedras que forman sus muros.

Dejamos el coche aparcado y accedemos al recinto. Andamos 10 o 15 minutos hasta llegar a las ruinas. El sitio es precioso y se respira una paz increíble

Mujeres vestidas de forma tradicional con las que sacarse imágenes

Fábrica de Alpaca

Nos dirigíamos hacia Chinchero. Paramos en un talles de artesanos que nos mostraron cómo elaboran los tejidos con la lana de Los Andes.

Desde muy pequeñas, las niñas aprender a elaborar las bobinas de hilo así como las diferentes prendas para vestir y del hogar.

Es un ratito muy distendido, y aunque puede parecer algo turístico, puede ser la única forma de conocer de cerca esta tradición. Además, se trata de una forma de preservar sus tradiciones, y con las adquisiciones, se ayuda a las diferentes tribus que conforman cada uno de los talleres.

Desde luego, los gorros peruanos más bonitos y peculiares que encontramos, fueron los que compramos aquí.

Chinchero

Después de comer llegamos a Chinchero, un pueblo que también conserva el estilo de la época. Se ubica a unos 30 km de Cusco y a unos 3700 m sobre el nivel del mar.

El conjunto arqueológico de Chinchero es precioso. De lo más bonito que llevábamos visto. Las montañas que lo rodean, sumado al encanto del mercadillo con sus artesanos vestidos con las ropas regionales, hacen más entrañable el pueblo.

Además, el Templo de Nuestra Señora de la Natividad, que inicialmente se construyó dedicada a Nuestra Señora de Monserrat, le otorga mayor encanto si cabe.

Esta iglesia es una construcción del siglo XVII y uno de los primeros edificios católicos que se edificaron en el Perú. Se construyó sobre un antiguo edificio inca con el fin de extirpar las idolatrías, pero sus cimientos son los que son, y lo convierten en una obra de arte.

Del interior de la Iglesia de Chinchero resalta por los impresionantes murales de filigrana que posee y que tiene motivos religiosos. Es posible hallar  pinturas de índole histórica como la derrota de Túpac Amaru.

Templo de Nuestra Señora de la Natividad

Ollantaytambo

Teníamos que llegar a Ollantaytambo antes de las 4:30 para que nos dejaran acceder al parque arqueológico.

Como al día siguiente nos iba a recoger el guía, le dejamos a él las mochilas grandes, y nos llevamos lo puesto y poco más para pasar el día siguiente en el Machu Picchu.

Tuvimos que darnos mucha prisa en recorrer estas ruinas incas ya que se nos hizo tarde. Pero nos sirvió para convencernos una vez más, que todo lo que estábamos visitando merecía la pena.

Ollantaytambo es uno de los pueblos más importantes del Valle Sagrado de los Incas y todavía conserva su antiguo diseño urbanístico inca.

Llevábamos todo el día viajando para llegar a nuestro destino final, Ollantaytambo, a unos 90 km al noroeste de la ciudad del Cuzco.

Tren de Ollantaytambo a Aguas Calientes

Desde aquí se coge el tren que lleva a Aguas Calientes, el pueblo desde el que se parte para subir a Machu Picchu. Debido a esto, es paso obligado y por tanto, muy visitado. Sin embargo, posee sus propios encantos. Además de los restos incas, el pueblo es precioso. Mucha gente se quedaba a dormir en él. O bien en la subida o bien a la vuelta, y reconozco que me hubiera encantado.

A las 19:04 cogimos el tren que nos llevaría a Aguas Calientes. Iba lleno. Compramos los tickets del Machu Picchu y Huayna Picchu y los trenes de Ollantaytambo a Aguascalientes los días posteriores tras la compra del vuelo. Hay que comprarlos nada más se tenga y asegurarse de que queden pasajes.

El tren costó ida y vuelta dos personas 245 dólares. Las dos entradas al Machu Picchu y Huayna Picchu, 115€, todo a través de la página web oficial del Estado de Perú.

Nos llamó la atención lo carísimo que era el tren. Mucho más en proporción que el acceso al Machu Picchu.

Tras una hora y pico de viaje, llegamos a Aguas Calientes.

Tickets del autobús de Aguas Calientes a Machu Picchu

En el tren fuimos hablando con otros turistas, y nos enteramos que teníamos que comprar los tickets del autobús que suben al Machu Picchu. Ni nos habíamos planteado donde se compraban.

Así que nada más llegar, los compramos en la oficina de Consettur. Lo mejor es preguntar dónde está. La otra opción es llevarlos comprados a través de su web (100% recomendable). Cuesta 24 dólares por persona. 51 euros dos personas es lo que nos cobraron a nosotros. No se puede ir con otro transporte, la alternativa es ir andando.

Ya era muy tarde. Nos fuimos al hotel, Intillaqta Machu Picchu a dejar las cosas antes de tomar algo.

Salimos a comprar algo de cena, los famosos salchipapa, y nos acercamos a conocer el punto de encuentro de la cola para coger el bus. Nos acostamos cuanto antes porque teníamos que madrugar mucho.

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