Llegamos a Bután

Teníamos previsto pasar 5 días y 4 noches en Bhutan, visitando Paro, Thimphu y Punakha.

Empezamos con retraso el viaje. Teníamos que haber llegado temprano al aeropuerto de Bután, pero finalmente llegamos a las 4 de la tarde. Llegamos un poco decepcionados pensando lo poquito que íbamos a estar en este país, ya que habíamos perdido casi un día entero.

Tras subirnos en el avión de Druk Air, la aerolínea nacional del Reino de Bután, nos sentamos en el lado «bueno» para ver el Himalaya. Es decir, en los asientos de la izquierda, pero hoy estaba nublado y no se veía nada.

El trato en el avión fue increíble. Inmejorable. Las azafatas iban vestidas con la ropa regional y eran todas guapísimas. De hecho, la flota debe ser tan reducida que aparecía en las revistas del avión.

Por fin aterrizamos en el aeropuerto de la ciudad de Paro. Estábamos avisados que era peligroso el descenso, y aunque da algo de respeto ver como las alas casi van a topar con las laderas de las colinas, rápidamente viran. Es una maravilla ver los paisajes.

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Paro está en un valle rodeado de altísimas montañas. Nada más aterrizar, hay un gran cartel de los Reyes dando la bienvenida. Es increíble el respeto que se les tiene y como están presentes en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

El aeropuerto ya te demuestra como son los butaneses: limpio, ordenado, silencioso y con un trato impecable a los turistas. Eso sí, algo lentos en la burocracia.

Una vez pasamos fuera del recinto de aterrizaje, nos estaban esperando nuestro guía y el conductor. Un trato excelente y una amabilidad extraordinaria.

El coche, un todo terreno forrado de césped por dentro, nos esperaba con una botella de agua y un snack.

Lo primero que nos dijeron fue que querían que nuestra estancia fuera lo más feliz y agradable posible. Y así nos trataron durante los siguientes días.

Teníamos que trasladarnos a Thimpu, a unos 55km, así que comenzamos la ruta, con sus maravillosos valles cubiertos de flores, colinas escalonadas y espectaculares cordilleras envueltas en niebla.

Los constantes movimientos de suelo paralizaban con frecuencia nuestro camino. No era nada grave, pero sí que retrasaban nuestro trayecto ya fijado.

Durante la hora de viaje, y tras parar en algunos miradores para observar la montaña, el guía nos iba contando sobre el país, la cultura, su historia. Todo.

Por fin llegamos al hotel en Thimpu, la capital de Bhutan. Parecía sacado de un cuento. Namgay Heritage Hotel era precioso, de una arquitectura típica butanesa, de madera, nuevo y muy amplio.

Allí nos esperaba el dueño de la agencia con la que viajamos y nos regaló unos souvenirs fabricados con telas de la zona.

Nos deleitaron con una cena típica del lugar. Muy picante, a decisión personal, y he de reconocer que estaba deliciosa y era muy variada. Estoy segura que si fuera más conocida, sería de las mejores gastronomías del mundo.


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