Estambul, día 1

Nos levantamos temprano y desayunamos en el hotel. Es nuestro primer día en Estambul. Queremos estar cuanto antes al otro lado del estrecho visitando los monumentos antiguos.

Cogemos un tranvía en la plaza de Taksim que nos lleva hasta la zona del Gran Bazar. Esta es la parte que menos me gusta de nuestro viaje, trasladarnos diariamente hacia esta zona de la ciudad. Pero pasan con mucha frecuencia y no supone ningún problema.

Cuando llegamos a la Mezquita Azul, era hora de rezo, por lo que tenemos que hacer tiempo hasta que salgan los musulmanes de los templos. Comienza a llover, así que es el lugar perfecto donde estar es el Gran Bazar, y está muy cerca.

Gran Bazar de Estambul

El Gran Bazar de Estambul, o Grand Bazaar Kapalıçarşı, es uno de los mercados más grandes y antiguos del mundo.

El Bazar cuenta con más de 3.600 tiendas, distribuidas en 64 calles, en el que trabajan 20.000 personas y tiene una capacidad de 45.000 metros cuadrados

Para acceder al recinto hay 22 puertas y el número de visitantes diarios oscila, según la época de del año, entre los 300.000 y los 500.000.

Todo ello lo convierten en uno de los mejores lugares de la ciudad comprar artesanías, alfombras, ropa y joyas.

Su origen se remontan a la época de Mehmed II, cuando en el siglo XV construyó cerca de su palacio el antiguo bazar. Alrededor de este edificio se fueron instalando talleres de artesanos formando calles gremiales. Con el paso del tiempo, las calle se cubrieron al crecer el número de establecimientos y edificios. Poco después, todo el complejo fue amurallado.

Bajamos por Yeniçeriler Cd. hasta la zona de la Mezquita Azul y Santa Sofía. Ambas espectaculares.

Mezquita Azul

La Mezquita Azul es la mezquita más importante de la ciudad. Está situada frente a la iglesia de Santa Sofía, separadas ambas por un jardín.

Su nombre real es Sultanahmed Camii, ya que fue construida por el Sultán Ahmed I entre los años 1609 y 1616. Fue inaugurada en el año 1617 durante el mandato de Mustafá I.

La Mezquita cuenta con seis minaretes en total, como otras cuatro mezquitas de Turquía, lo que provocó mucha polémica mientras se construía.

Se criticó duramente al sultán por presuntuoso, ya que era el mismo número de minaretes que la mezquita de la Kaaba, en La Meca. El sultán solucionó el problema construyendo un séptimo minarete en la mezquita de La Meca.

El nombre popular, Mezquita Azul, se debe a que es el color predominante en su decoración interna. Más de 20.000 azulejos de color azul decoran con mosaicos la cúpula y la parte superior de la mezquita. Todos los azulejos fueron trasladados desde la ciudad de Iznik (Nicea), que logran una atmósfera interior muy especial.

Observamos como la gente se lava antes de entrar a la mezquita. Constantemente hay personas que entran y salen a orar.

Dejamos las botas fuera de la mezquita, me calzo mis calcetines gruesos sobre los que llevaba y entramos a ver esta maravilla.

El acceso es gratuito y para todo el mundo. Debes ir correctamente vestido y con un pañuelo para cubrirte la cabeza. Ya en el interior, el acceso está restringido a una pequeña zona en la que los musulmanes más devotos oran.

La primera vez que he entrado en una mezquita en mi vida ha sido en Estambul. Y concretamente en esta mezquita, la Azul, hace seis años.

Jardines

Conviene darse una vuelta por los alrededores de la Mezquita Azul antes de visitar otro monumento. La Mezquita está perfectamente ubicada dentro de un jardín, de tal forma, que se puede dar un paseo por su exterior y visualizarla desde 360 grados.

Es una maravilla observar sus elevados minaretes y ver lo majestuosa que se ve desde cualquiera de sus esquinas.

Iglesia de Santa Sofía

El parque que se debe atravesar a el extenso jardín que separa la Mezquita y Santa Sofía.

Por el camino nos tomamos de todo. Hay vendedores ambulantes por todos los rincones que ofrecen roscas típicas de la zona, mazorcas, castañas, tes, zumos… Intentamos probar todo.

Enseguida te das cuenta que Estambul es una ciudad de contrastes, en la que se entremezclan culturas, modernismo con tradición, la llamada a la oración, el rezo en el interior de las mezquitas, como se asean antes de acceder, se descalzan… Y siguen con su día a día. Los olores de la calle, las diferentes comidas, los edificios, sus costumbres. Es un país impresionante.

Y por fin entramos nos topamos con el recinto de Ayasofya. Otra maravilla que ofrece esta ciudad. Es imponente y un símbolo de Estambul.

Está situada en el punto más alto de la ciudad. Sus cuatro minaretes y su cúpula de más de 30 metros de diámetro forman una de las imágenes más emblemáticas de Estambul.

Hacemos la cola para entrar en Santa Sofía (un buen rato) y entramos a conocer la iglesia. La entrada son 60 liras, unos 8 euros.

Historia de Santa Sofía

Santa Sofía o, como la llaman los turcos, Ayasofya, fue construida durante el mandato de Justiniano entre el año 532 y el 537.

Entre los años 1204 y 1261, Santa Sofía fue la iglesia del Papa. En el año 1453, fue tomada por el Imperio Otomano y convertida en mezquita. Los otomanos dotaron a la iglesia de cuatro minaretes, una escuela teológica y un comedor público.

En 1935, Atatürk transformó el templo en un museo y hoy está considerada una de las obras maestras del arte bizantino.

Echamos de menos alguna explicación sobre la ciudad. Leemos las guías, pero no es lo mismo que si alguien te da las explicaciones pertinentes.

Es la hora de comer y nos tomamos un kebab en un bar típico turco. Comemos por 4 o 5 euros y seguimos de visita cultural.

Cisterna Basílica

Entramos por unas 20 liras a una de las cisternas visitables de Estambul. Es una visita corta y que bien merece la pena en la zona. Hay algo de cola, pero es relativamente breve también.

Las cisternas son depósitos que se construyeron para que la ciudad tuviera reservas de agua en caso de ser atacada. Otro nombre (bastante más atractivo) con el se conoce la cisterna es Palacio Sumergido.

La Cisterna Basílica fue construida por Justiniano I para abastecer al Palacio Bizantino. El emplazamiento (al que debe su nombre) fue el subterráneo de una basílica de la que hoy no queda nada.

La cisterna, Yerebatan Sarnıcı en turco, tiene unas dimensiones de 140 metros por 70 y podía almacenar unos 100.000 m3 de agua.

Cuando entras dentro, bajando unas escaleras que te llevan bajo tierra, lo único que se ve son las 336 columnas de 9 metros de altura. Las columnas son de estilos muy variados ya que fueron reutilizadas de antiguas estructuras y monumentos, principalmente romanas.

Entre todas ellas, hay dos que tienen como base una cabeza de Medusa, el ser mitológico que convertía en piedra a quien mirara. Es la diversión del trayecto, buscarlas.

La Cisterna es un remanso de tranquilidad en medio de la jaleosa Estambul. El paseo se hace por unas pasarelas que van por encima del agua y que está llena de peces. La luz tenue y la música de fondo, amenizan la visita.

Cementerio de Divan Yolu

Hacía mucho frío, por lo que subimos la calle Divan Yolu nuevamente y buscamos donde sentarnos a tomar café.

Entramos en un precioso cementerio que hace esquina y en el que se encuentra la tumba del sultán Mahmut II, quien reinó en Turquía durante la primera mitad del siglo XIX.

Pasaría a la historia por ser quien acabaría con los Jenízaros, una élite del ejército otomano que acumuló inmensas cantidades de riqueza y poder, y por ser el progenitor de veinticinco vástagos, doce niños y trece niñas.

Casualmente, una vez dentro del cementerio y siguiendo el camino existente, se accede a una cafetería súper agradable y llena de estambulíes. Se estaba de maravilla. Estuvimos un buen rato entrando en calor y fumando cachimbas, el entretenimiento de los nativos.

Se trata de un local auténtico y que debería ser visitado por todos los que visitan esta zona.

Se hizo tarde. Volvimos hacia el otro lado del estrecho viendo qué podíamos hacer. Dónde cenar y tomar algo.

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