Arequipa, la ciudad blanca

Tras pasar un frío tremendo, llegamos a Arequipa. Descansamos lo que pudimos en los autobuses de Bolivia Hop, pero frío pasamos muchísimo. Y eso que nos dejaron mantas y llevábamos los abrigos puestos… Pero bueno, no importa. Son las 6 de la mañana aproximadamente y tenemos un día entero para conocer la ciudad natal Mario Vargas Llosa.

Coincide que es fiesta local y se conmemora el 478 años de la Fundación Española de Arequipa.

Subimos a la azotea de nuestro hotel, Park Hostel. Tras discutir con el personal para que nos cambiaran el desayuno del día siguiente, porque nos íbamos muy temprano de la ciudad, logramos tomárnoslo en la terraza.

Las vistas hacia los volcanes nevados son preciosas. Un espectáculo.

La Ciudad Blanca y sus volcanes

Tenemos un día para conocer Arequipa. Es conocida como la Ciudad Blanca debido a su arquitectura elaborada con piedra volcánica blanca, llamado sillar. Cualquier escenario que visitábamos, cuatro imponentes volcanes adornaban el horizonte.

En la cima más alta del altiplano emerge el volcán Ampato, a 6.288 metros sobre el nivel del mar. Al sur, el volcán Chachani se encuentra a 6.075 m. A pocos kilómetros, también hacia el sur, el Misti, a 5.825 m, y en cuyas faldas nace la ciudad de Arequipa. Al sureste del Misti, se encuentra el volcán Pichu Pichu, y es el que menos altitud tiene con 5.644 m.

Claustro y convento de la Compañía de Jesús

Nuestro hotel estaba situado relativamente cerca del centro. En realidad estábamos bien situados, pero a mí me gusta que esté más céntrico. Un paseíto nos lleva por la calle Santo Domingo, hacia la Plaza de Armas, y nos obliga a hacer la primera parada: la Iglesia y los Claustros del ex convento de la Compañía de Jesús.

La construcción de la Iglesia de la Compañía se inicia en el año de 1590. Al igual que otros edificios de Arequipa, el material para su construcción es el sillar, proveniente de las canteras del volcán Misti. Se trata de una piedra fácil de trabajar por su textura porosa.

Lo que dio lugar al desarrollo de un tipo de decoración superficial que, como en el caso de la iglesia de la Compañía, cubre la superficie formando un gran tapiz en piedra.

Seguimos nuestro paseo hacia la Plaza de Armas. Una plaza preciosa que nada tiene que ver con la de Cusco. Aunque las dimensiones y la ubicación son opuestas, se trata de otra plaza principal que alberga una catedral monumental con los volcanes Misti, Chachani, Pichu Pichu de fondo.

Al ser fiesta nacional, apenas hay nada abierto, así que solo podemos hacer tres visitas: el Museo Santuario de Altura del Sur Andino de la Universidad Católica de Santa María de Arequipa, el Monasterio de Santa Catalina,

Momia Juanita

Una visita obligatoria en Arequipa es a la Momia Juanita en el Museo Santuario de Altura del Sur Andino de la Universidad Católica de Santa María. Esa fue nuestra primera parada en Arequipa y una toma de contacto con las famosas casas coloniales. Un precioso patio nos permitió familiarizarnos con su arquitectura. El coste de la entrada fue de 20 soles.

Juanita es una momia humana perteneciente a la cultura Inca, y que se cree que fue una ofrenda humana durante una ceremonia de capac, por lo que estuvo escondida en la cima de la montaña durante más de 500 años.

Durante una expedición al volcán Ampato en el año 1995, un arqueólogo de montaña divisó a lo lejos algo que relucía en el interior del cráter del volcán. Bajaron a la hondonada y encontrando un bulto. Al levantarlo vieron que se trataba del cuerpo de una joven, perfectamente conservada. Además, a su alrededor encontraron varias ofrendas que permitieron conocer más datos sobre el ritual practicado.

Ubicado a pocos metros de la Plaza de Armas, nada más llegar, los visitantes son acompañados a una sala para ver un vídeo que detalla el descubrimiento de la momia Juanita. A continuación se visita el museo y que gira en torno a este hecho, por lo que resulta muy interesante para conocer un poco más sobre la cultura inca y sus rituales.

Antes de concluir el tour, en la última estancia se encuentra la Momia Juanita, cuidadosamente conservada, con una temperatura y humedad para optimizar su preservación.

Monasterio de Santa Catalina

Otro de los monumentos religiosos más importantes de Perú se encuentra en el corazón de Arequipa. El Monasterio de Santa Catalina ocupa toda una manzana y está protegido por imponentes muros. Un remanso de paz y belleza que ocupa una superfie de 20.000 metros cuadrados y que fue fundado en 1580 por una viuda adinerada, doña María de Guzmán.

Nos acercamos al recinto, tras recorrer la recorrer la concurrida y preciosa calle Santa Catalina. Se trata de un barrio de míticas casas coloniales, que te permite hacerte una idea de cómo pudo ser Arequipa en otra época.

El pasado español está latente en muchos rincones de Perú y Arequipa es un buen exponente. El monasterio de Santa Catalina es una muestra más de su legado hispano (aunque no es el único).

40 soles es el precio de la entrada. La entrada accede directamente hasta el patio del Silencio. A partir de este momento, comienza un laberinto de calles perfectamente trazadas, con nombres españoles, calle Toledo, Sevilla y Granada… que te llevan a pensar cómo sería realmente vivir en el monasterio en otra época.

Llegó un momento en el que decidimos no prestarle demasiada atención al mapa e ir descubriendo cada uno de los rincones que esconde este maravilloso enclave. El claustro de los Naranjos o de las Novicias y
la plaza Zocodober son algunos de los grandes espacios del monasterio.

La luz que reflejaba en sus calles le daba una tonalidad preciosa.

En sus calles, numerosas habitaciones iban apareciendo. Las particulares cocinas y los bonitos patios eran otros de los rincones que encontrábamos.

Subimos a una azotea en la que las vistas hacia los volcanes eran imponentes. Visitarlo al atardecer debe de ser otro momento ideal para conocerlo. Las tonalidades que debe tomar el espacio debe ser precioso.

Desde mi punta de vista, si Arequipa merece la pena, es por la visita al Monasterio de Santa Catalina. Lo convierte en una ciudad imprescindible.

Era la hora de comer. Estamos hambrientos. Nos encontramos un español que había hecho su vida en Arequipa y que nos recomienda comer en la Picantería La Mundial. Vamos andando, y aunque parece que está más cerca, hay un paseíto.

Picantería La Mundial

Comimos de maravilla. Deliciosa comida peruana en un restaurante local, frecuentado por locales. Las raciones son enormes. Pedimos un rocoto relleno con pastel de papas y chicharrón de cerdo. Todo estaba muy rico y a buen precio.

Mirador de Carmen Alto

A la salida andamos un poco hasta que encontramos un taxi. Queremos ir al mirador de Carmen Alto. Fijamos un precio y allí vamos.

Situado sobre valles, el mirador te ofrece una vista hacia los volcanes. Hay además algún bar, por si te apetece quedarte un rato.

Yanahuara

Cogemos otro taxi para que nos lleve al Mirador de Yanahuara. Yanahuara es un barrio colonial que todavía posee pintorescas callejuelas estrechas y añejas, casas con huertos familiares y una iglesia barroca del año de 1750 ubicada en la plaza principal.

Lo más sobresaliente del barrio son los arcos de sillar, el afamado Mirador de Yanahuara y desde el que se puede apreciar la ciudad entera.

Callejeamos para conocer este mítico barrio y sus encantadoras casas coloniales. Y aunque es cierto que quedan algunas preciosas, pero muy pocas, y a mí en particular me decepcionó.

Bajamos hacia la Avenida del Ejército, cruzamos el Puente Grau sobre el río Chili, cogemos la Avenida La Marina hasta calle Moral, ya en el barrio de la Plaza de Armas.

Esta zona sí que es bonita. Es el que más encanto tiene. De hecho, sabíamos que sería el último día que veríamos una ciudad con orígenes españoles tan patentes en su arquitectura.

Casa del Moral

Entramos en la Casa del Moral por 5 soles. Nos quedamos un buen rato descubriendo cada rincón. La casa museo del Moral es una casona del siglo XVII, de arquitectura civil colonial y un emblema de casa típica de época arequipeña, reconocida como uno de los monumentos más antiguos del período barroco.

Catedral de Arequipa

Nos acercamos a la catedral e intentamos entrar, pero está cerrada por un acto privado del Estado, por tratarse de un festivo local, y sería imposible visitarla por dentro. Tendremos que volver a Arequipa.

Tomamos la calle Mercaderes, tras un arco que se encuentra a la derecha de la catedral. Se trata de una calle típica comercial por la que dar un paseo.

Ya se hace de noche y no tenemos nada de hambre después de la abundante comida de la picantería. Decidimos irnos al hotel y descansar.

Mañana más y mejor.